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29/03/2023

Desarrollo integral: ¿Por qué es tan importante hablar de un esquema orientador?

Bernardita Jensen, antigua directora de Desarrollo Integral de Fundación Mustakis y actual directora de Metodología y Desarrollo, nos entrega una gran reflexión sobre nuestro esquema orientador y las inspiraciones en que nos basamos, para dar sentido y orientación a nuestras acciones como organización.

¿Qué es el desarrollo integral?

El propósito de Fundación Mustakis, es impulsar el desarrollo integral del ser humano, enfocándose especialmente en niñas, niños y jóvenes.

Desarrollo integral parece ser un complejo concepto, fruto de un devenir histórico de visiones y explicaciones de lo humano que impactan en todo ámbito de la vida. Es por esto, que como fundación hemos tratado de simplificar y sintetizar el concepto de desarrollo integral, y de esto surge el Esquema Orientador, el cual nos permite dar un mayor foco y claridad al momento de diseñar nuestras intervenciones y propuestas educativas, expresadas en múltiples experiencias que se realizan poniendo a las niñas, niños y jóvenes, al centro de nuestro quehacer.

¿En qué nos inspiramos?

Interesante es encontrar raíces profundas de este concepto de desarrollo, en la cultura que nos origina e inspira: La Grecia Clásica, la cual nos regala una cosmovisión de todos los aspectos que conforman lo humano, expresada por ejemplo en la medicina.

En este sentido, filósofos como Empédocles, que vivió en el siglo V a.C, afirmaban que el equilibrio y la moderación en las relaciones eran la base de la salud. Esta comprensión integral de la salud y el bienestar parece haber intuido la interconexión entre la emoción y el cuerpo que la ciencia moderna ha confirmado.

Por otra parte, el Oráculo de Delfos nos plantea el mayor desafío de aprendizaje en la experiencia humana: conocerse a sí mismo. En otras palabras, el autoconocimiento como el eje y la tarea central de la vida. 

La visión más holística del ser humano, que ha sido expresada de diversas formas a lo largo de nuestra historia, experimenta un cambio radical en el contexto del Siglo de las Luces, en el siglo XVII. En este período, los pensadores más representativos de una nueva concepción del ser humano y la realidad, abogan por una comprensión mecanicista y materialista. En esta corriente filosófica, las explicaciones son exclusivamente racionales, ya que solo la razón puede distinguir entre lo bueno y lo malo, tal como lo expresa el máximo exponente de esta corriente, René Descartes. En resumen, solo se reconoce la existencia de lo que podemos ver, medir y comprobar.

Fue solo a mediados del siglo XIX cuando un nuevo paradigma empezó a surgir, gracias a la influencia de filósofos y pensadores que transformaron radicalmente la visión del desarrollo y el aprendizaje. De alguna manera, se volvió a una perspectiva más humanista e integradora del ser, recordando el legado griego y avanzando hacia una comprensión más profunda que invitaba a romper con los viejos paradigmas.

Surge entonces lo que hoy conocemos como el movimiento de la Escuela Nueva, donde todos los ámbitos del ser, es decir alma, cuerpo, mente y emoción son parte de un todo imposible de dividir y donde la comprensión de la realidad se logra a través de la razón, intuición, imaginación, es decir, desde todas las facetas de la experiencia humana, entendiendo  la emoción como la base que posibilita  el desarrollo amoroso y profundo.

Las neurociencias más avanzadas están comenzando a proporcionar una explicación científica de tal integridad. Es decir, los sistemas que componen al ser humano son interdependientes y se afectan mutuamente. Las emociones están relacionadas con la cognición, ya que pueden facilitar o obstaculizar el aprendizaje. Por lo tanto, una mente más concentrada y enfocada, permite una mejor autorregulación de nuestras emociones, lo que a su vez conduce a relaciones interpersonales más adecuadas, con el surgimiento de  la empatía y la colaboración.

El Esquema Orientador de Fundación Mustakis:

Nuestro Esquema Orientador busca dar cuenta de esta mirada integradora y holística o de totalidad. Este enfoque, se ha considerado muy importante en el movimiento de la Escuela Nueva, mencionada anteriormente. Consideramos fundamental avanzar hacia una educación innovadora, logrando la integración desde este esquema, para poder inspirar, crear y evaluar experiencias educativas que respondan a los desafíos actuales con el foco puesto en las niñas, niños y jóvenes.

Los  métodos tradicionales de educación han quedado obsoletos, pues no tienen en cuenta los nuevos conocimientos en el área. Actualmente, se han hecho intentos de aportar nuevas técnicas innovadoras, pero creemos que no es suficiente para lograr cambios significativos en la educación.

Debemos cuestionar y cambiar los marcos comprensivos que han mantenido una educación fragmentada del ser y la realidad. La importancia de nuestro propósito se ve reflejada en el Esquema Orientador, que nos ayuda a abordar este compromiso y a la vez desafío: potenciar el desarrollo integral de niñas, niños y jóvenes en propuestas o experiencias concretas. 

Dimensiones del ser:

Lo primero que observamos en el esquema, son las cuatro dimensiones del ser humano: Alma , emoción, mente y cuerpo. 

El término «alma» se refiere al mundo interno de cada persona, lo que nos hace ver a un ser humano como la expresión espiritual en un cuerpo. Según Teilhard de Chardin: “somos seres espirituales viviendo una experiencia humana”. La espiritualidad puede entenderse como ese mundo interior que va más allá de una explicación materialista

El desarrollo interno y espiritual es la cualidad donde radica la mayor originalidad del ser humano.

La mente es un concepto complejo que surge de la interacción entre el potencial interno con la realidad externa y sus estímulos. No se puede separar la razón de las emociones, sino que al contrario, ambas son necesarias para explicar un fenómeno importante como lo es el aprendizaje y tener una aproximaciòn integrada de Mente, la que se crea a partir de la interacción entre los procesos neurofisiológicos internos y las experiencias interpersonales que tenemos.

El cuerpo es el eje y el centro de la experiencia humana. Cuerpo sentido y presente que registra lo que sucede en el exterior y en el interior. Aunque podemos distinguir entre cuerpo y mente, no podemos separarlos. La experiencia humana está enmarcada en el cuerpo y podemos ser testigos de ella en primera persona gracias al desarrollo de los sistemas sensoriales. La interocepción y la propiocepción, son esos sentidos que nos conectan con nuestro cuerpo vivido,interno y son claves para el desarrollo de la conciencia corporal. Sin un cuerpo, no hay experiencia.

La emoción puede asociarse a un suelo fértil que fomenta o no, las condiciones que permiten el desarrollo humano. Las emociones pueden ser positivas y motivar el aprendizaje o complejas de gestionar, afectando el desarrollo. La razón y el pensamiento racional dependen de las emociones y no al revés.

La palabra “emoción” proviene de la palabra latina «movere», que significa «mover» y las emociones nos impulsan a la acción, nos da un tono y una dirección. El mundo emocional es la base de lo que hacemos y está estrechamente relacionado con nuestra neurobiología. Por ejemplo, cuando actuamos desde la tristeza, se activan procesos fisiológicos que afectan nuestra respuesta nerviosa, a través de la acción de ciertos neurotransmisores. Así, cada emoción provoca un neurotransmisor que determina el tono de lo que hacemos.

Por lo tanto, la educación debe incluir una visión global y sistémica de los cuatro aspectos del ser humano y del contexto en el que estamos involucrados. Aunque las ciencias cognitivas han avanzado y sabemos que una visión fragmentada de lo humano es dolorosa, todavía seguimos aferrándonos a antiguos conceptos y paradigmas que hoy, están obsoletos. 

Dimensiones del habitar:

Nuestro Esquema Orientador, propone una conexión entre el mundo interior y el mundo exterior del ser humano. La experiencia humana se contextualiza y se entiende a partir de la base de que el ser humano pertenece a un tiempo y lugar específico. Siendo parte de una comunidad, ambiente, cultura, planeta y universo. Las acciones que realiza, afectan a toda la red, y es importante ser consciente de esta interdependencia y asumir la libertad y responsabilidad que tenemos, fundamentando así la idea de la humanidad compartida.

Comunidad: 

La comunidad juega un papel fundamental en nuestro desarrollo. Comenzando por la familia, que es el primer nicho que nos contiene y moldea, hasta instituciones más amplias como la escuela, que son extensiones de nuestro núcleo más íntimo y primario. La pertenencia a una comunidad es fundamental para nosotros, ya que es en ella donde encontramos aquello que nos une a pesar de la diversidad y subjetividad de cada individuo.Somos seres relacionales e interdependientes.

Cultura:

Compartimos valores, símbolos, normas, ideas y creencias que nos hacen pertenecer a una cultura particular , el ser humano es un ser cultural que genera estos códigos compartidos que nos dan un sentido de pertenencia. El ser cultural que somos, nos da raíces profundas.La diversidad cultural enriquece y estamos llamados en los espacios educativos a conocer y celebrar nuestra cultura , en comunión con la diversidad cultural propia de los seres humanos.

Ambiente:

Los seres humanos somos criaturas naturales y biológicas que hemos creado nuestra propia sociedad y cultura, pero en esencia, seguimos siendo parte de la naturaleza. Por lo tanto, es crucial que integremos el medio ambiente en nuestro enfoque de vida. Debemos reconocer que somos parte de un todo mayor y, como tal, tenemos una responsabilidad compartida de cuidar y proteger el ambiente que nos rodea, junto con los seres vivos y no vivos que lo habitan. Debemos comprender que el aprendizaje más profundo es vivir en coherencia con nuestro entorno, en una casa compartida con seres vivos y no vivos, donde los recursos son finitos, pero inmensamente abundantes y deben ser manejados con un equilibrio necesario para protegerlos.

Planeta:

En un mundo global interconectado, todos somos ciudadanos de un solo planeta. Para encontrar soluciones efectivas a los problemas globales, debemos comprenderlos primero en el contexto local. Hoy en día, la ciudadanía ya no puede entenderse sin tener en cuenta esta gran comunidad global de la cual somos parte. La paz como un modo de conducta y convivencia sólo será posible si adoptamos esta perspectiva amplia.

En este sentido, la educación juega un papel fundamental en la formación de ciudadanos globales. Fomentar la empatía y la compasión y aprender a trabajar juntos para abordar los desafíos de manera efectiva, son propósitos del siglo XXI. Sólo de esta manera podremos crear un mundo más justo, pacífico y sostenible.

Pilares del aprendizaje:

Los cuatro pilares de aprendizaje propuestos por Unesco son un elemento importante de nuestro Esquema Orientador: Aprender a Hacer, Aprender a Aprender, Aprender Colaborando y Aprender a Ser uno mismo o una misma. Son guías concretas de acción que se basan en cómo realmente aprendemos. Podemos observar un complemento interesante al momento de analizar los cuatro pilares; la acción o el hacer, en equilibrio con el aprender a ser; expresado de otra forma, la acción y reflexión como parte de un proceso integrativo de aprendizaje.

Aprender a aprender, como seres humanos en constante evolución y cambio, el aprender a aprender, es una característica esencial de los seres humanos. De hecho, podría ser por esto que nuestra etapa de infancia y niñez es más larga que la de otras especies. 

Este pilar de aprendizaje, o como lo hemos llamado; “surco de aprendizaje”, se asocia con dos competencias clave: la Mentalidad de Crecimiento y la Autonomía. 

Mentalidad de crecimiento. Tener una mentalidad fija significa que no estamos dispuestos a cambiar ni evolucionar, pero como seres humanos con plasticidad, estamos en procesos constantes de adaptación y modificación, somos seres flexibles y nos adaptamos constantemente a nuestro entorno. Incluso nuestro cuerpo refleja esta capacidad, a través de la integración de los errores en nuestro proceso de evolución y crecimiento. Es interesante constatar que estamos constituidos aproximadamente en un 70% de agua. El agua fluye, se adapta, cambia. No conoce de rigideces.

La Mentalidad de Crecimiento, implica transformarnos y desarrollar todo nuestro potencial a través del ensayo y error, manteniendo un sentido de propósito personal. La Autonomía, por otro lado, es un concepto que relacionamos con la autoeficacia personal,el valor propio, que implica creer en uno mismo y valorar las capacidades personales sin perder la noción de que somos seres en red, interdependientes pero autónomos a la vez

El papel del educador es facilitar y mediar los aprendizajes espontáneos que ocurren naturalmente en la infancia y la niñez, brindando un ambiente adecuado para el aprendizaje. Las niñas y niños aprenden viviendo y explorando su entorno. El papel del educador es proteger y fomentar este aprendizaje natural, a través del enorme potencial de cada niño y de su capacidad de autonomía.

Aprender a hacer:

El aprendizaje se plasma en acciones, en obras. Para mostrar que sabemos hacer pan, por ejemplo, no damos una cátedra al respecto, hacemos pan, con agua y harina. La acción equilibra la reflexión y ambas son caras de una misma moneda. Para la salud integral, se requiere entonces un justo equilibrio.

Por lo tanto, el aprendizaje es activo, dinámico. Cuando aprendemos, nos involucramos en una experiencia en la que tanto nuestra mente como nuestras manos son órganos de aprendizaje. En resumen, el aprendizaje no solo es reflexión, sino también acción, y solo podemos lograr un aprendizaje profundo y efectivo cuando implicamos a todo nuestro cuerpo en la experiencia de aprendizaje. 

Dos competencias clave que se asocian con este pilar son la Curiosidad y la Resolución Creativa de Problemas. La curiosidad, nos impulsa a preguntar, investigar y descubrir el mundo que nos rodea. Es una característica innata del ser humano que a veces se pierde debido a la sobrecarga de información y respuestas rápidas que encontramos hoy en día. En definitiva, el aprendizaje es una experiencia en la que nuestra mente y nuestro cuerpo trabajan juntos para descubrir y comprender el mundo que nos rodea. Aprendemos mejor cuando estamos abiertos al asombro, la duda y la curiosidad. 

La resolución creativa de problemas, implica poner todo el potencial humano para proponer soluciones posibles a los desafíos de hoy en día. Resolvemos problemas desde la creatividad, que implica dar respuestas originales, diversas, múltiples. Tal vez sea esta una de las mayores capacidades humanas necesarias de desarrollar en la actualidad, en un mundo de alta complejidad donde se requiere pensar, sentir y actuar con congruencia integrando las facultades racionales, espirituales, emocionales , para dar respuestas nuevas a un mundo en constante cambio, incertidumbre y desafíos.

Aprender colaborativamente:

Aprender colaborativamente implica que, al colaborar con otros, nos sentimos parte de un todo mayor y estamos dispuestos a servir. Esto se opone a la competencia y nos permite enriquecer los resultados de nuestras acciones al conectarnos con las características únicas de cada persona, que se complementan con las de los demás. La colaboración implica salir del yo y abrirse al otro, lo que da lugar a la construcción de la interdependencia y al surgimiento de la noción de un nosotros, de una conectividad. La emoción básica que posibilita ser comunidad es el amor.

Este pilar se asocia con las competencias de colaboración, comunicación y empatía. La colaboración es la capacidad de mostrar generosidad y apertura, poniendo nuestras diferencias al servicio de la tarea en común y reconociendo la contribución de los demás. Es una disposición a nutrir un espacio común en pos de alcanzar un beneficio compartido, donde el todo es más que la suma de las partes. La empatía nos permite sintonizar con la experiencia del otro y generar una resonancia con ese sentir, afectándonos y preocupándonos por su bienestar. Es una competencia vital en una sociedad centrada en el ego, empatìa que nos humaniza y permite una colaboración genuina, sentida desde el alma.

Para colaborar, es importante comunicarnos de manera efectiva, escuchando empáticamente y hablando de manera asertiva. Esta es una habilidad central para la co-construcción colectiva, el diálogo y  la generación de una comunidad. 

Aprender a ser uno mismo, una misma/o:

La cultura que nos inspira y da origen nos invita a poner al centro el autoconocimiento como eje central para un desarrollo sano y en plenitud. Reconocernos como únicos y a la vez iguales, es una tarea permanente que requiere estar presentes, conscientes y en una aguda observación de nosotros mismos. Para ello, asociamos a este pilar las competencias de atención plena y consciencia corporal.

La atención plena implica estar presentes en el momento que habitamos, sin juicio y con aceptación. Requiere pausa, tiempo, respiración y apertura.

La consciencia corporal da cuenta de nuestra corporalidad en unión con la mente y las emociones, reflejando que nuestro cuerpo sensible es parte de esta totalidad integrada.

¡Invitación para todas y todos!

En conclusión, el desarrollo de la conciencia es la síntesis de nuestro Esquema Orientador. Ser conscientes implica darnos cuenta de quienes somos, estar atentos a nuestras acciones, reconocer nuestro potencial, reconocernos como creadores y entender que la vida nos invita constantemente a evolucionar. La conciencia plena y abierta nos permite ver lo que hacemos, decir lo que pensamos y sentimos con cuidado y empatía, y hacer lo que decimos en el encuentro con los demás y con nosotros mismos.

En Fundación Mustakis nos inspira el desarrollo profundo e integral del ser humano y nos comprometemos desde la creatividad e innovación a plasmar nuestro propósito, el cual da sentido y dirección a nuestras acciones. 

Te invitamos a descubrir nuestras iniciativas, recursos, alianzas y programas en 🔗www.fundacionmustakis.org