keyboard_arrow_up
keyboard_arrow_down
keyboard_arrow_left
keyboard_arrow_right
0%
Valentina Araya, de Proyecto Aprender.
06/04/2026

Valentina Araya, de Proyecto Aprender.

Lo que comenzó como una iniciativa con visión de futuro hoy es un programa consolidado que sigue creciendo con paso firme. Proyecto Aprender, liderado por Valentina, ha pasado de ser un motor impulsado por un pequeño equipo a convertirse en una organización que implementa programas en múltiples contextos educativos a lo largo de Chile. Tras su paso por Audaces 2024 y con nuevas alianzas en desarrollo, el proyecto se prepara para expandir su impacto.

En esta entrevista, (que no es la primera que tiene con nosotros) Valentina repasa los hitos de su trayectoria, los aprendizajes obtenidos en el camino y los desafíos que vienen para 2026 y 2027, siempre con la mirada puesta en llegar realmente a los profesores y a los niños.

Hola Valentina, el 2024 nos contaste que las tierras más fértiles para tu proyecto eran las escuelas rurales. ¿Siguen siendo las escuelas rurales las tierras más fértiles o ya han encontrado otros contextos que también los sorprenden?

Creo que todos los contextos nos sorprenden, porque en general en educación es difícil innovar. Hay muchas cargas administrativas que consumen el tiempo de los profesores, hay poco tiempo disponible para planificar con calma, hay poca disponibilidad para detenerse a reflexionar sobre la práctica y también hay pocos espacios donde se pueda trabajar colaborativamente entre pares. Entonces, cuando llegamos a un colegio y nos damos cuenta de que funciona, nos sorprende gratamente, porque no es algo que ocurra con frecuencia. Siempre uno dice ¡qué rico! porque en el fondo es como encontrar ese lugar donde las condiciones se dan de otra manera, donde a pesar de todas las dificultades habituales, algo logra fluir.

¿Cómo ha crecido Proyecto Aprender desde ese año hasta la fecha? ¿Cómo ha sido esa experiencia?

Ha crecido un montón. Y no me refiero a solo crecer como equipo, aunque eso igual pasa y para nosotros el equipo es muy importante, pero no tenemos la intención de ser un equipo gigante que sea difícil de mover. A lo que me refiero es que hemos crecido mucho en términos de pool y en poder implementar contenidos muy distintos. Eso nos da tranquilidad, porque desarrollamos in-house la planificación, que quizás no reemplaza al profesor, sino que trabaja con él o ella. No sé si ‘administrativa’ es la palabra, pero en cuanto a modelo de negocio y escalamiento, hemos ido puliendo muchísimo esa capacidad. El sello de Proyecto Aprender lo hemos ido afinando y consolidando.

¿Cómo hacen como proyecto para implementar un programa que tiene que hacerse cargo de las realidades tan distintas que viven los profesores y sus estudiantes?

Buena pregunta. Hay evidencia sobre cómo aprendemos: atención, codificación, almacenamiento. Pero nuestro foco es que cada persona es única, producto de su historia y contexto. Nos apalancamos de esa capacidad variada de aprender para diseñar el aprendizaje.

Los niños están llenos de estímulos todo el tiempo. No se trata de reducirlos, no podemos, sino de competir con ellos. No es no distraerlos, es engancharlos. Tenemos una frase que nos acompaña mucho, que es “llegar a sus corazones para que sus mentes las sigan.”

Por eso trabajamos con problemas reales de su entorno. No vamos a una escuela rural con un problema urbano. Preguntamos qué les apasiona, qué les preocupa, y de ahí sale el aprendizaje. Enseñamos a los profesores a transformar ese contexto en experiencias que cubran el currículum. Clave: trabajo colaborativo real, no solo en grupos, con roles según la unicidad de cada niño. Que cada día entiendan para qué sirve ir a la escuela, no a los 60 años.

Sí, totalmente. Y siento que se anticipan harto a las diferencias y los conflictos.

Sí. Nuestro programa tiene tres etapas. Antes de entrenar a los profesores, hacemos un codiseño con directivos y «embajadores» (profesores líderes) para entender la realidad de la escuela: fortalezas, desafíos, qué les importa y preocupa. Buscamos que el aterrizaje les haga sentido.

La innovación pedagógica depende, primero, de que el director se ponga la camiseta (factor uno). El factor dos es la voluntariedad. Michael Fullan, el gurú del aprendizaje profundo, y Santiago Rincón-Gallardo, que trabaja con él, sugieren que la innovación debe ser voluntaria, porque nadie empuja bien un carro obligado. Además, se produce un efecto par  donde los profesores motivados contagian su energía. A nosotros nos pasó en Valdivia, el primer año un grupo voluntario se entrenó con nosotros, aprendieron técnicas y las aplicaron; el segundo año, cuando vieron los resultados y que los niños vibraban, todos los profesores pidieron sumarse. Por eso el codiseño es clave, porque embarcamos a los profesores en esto, en conjunto, sin imponer.

Yo soy profe y mi socio José también viene de educación. Vemos que los profesores están chatos de capacitaciones y no por flojos, sino porque no les sirven. Yo tuve 200.000 en mi época de profesora y te diré que un pedacito de una me sirvió. Entonces, terminamos replicando métodos obsoletos como memorización teórica para evaluación de alternativas. Nosotros sabemos que se aprende haciendo, de manera práctica y contextualizada. Por eso creamos una experiencia inmersiva donde los profesores viven el aprendizaje profundo en primera persona. Lo aprenden porque lo absorben, no porque se lo digamos.

Sí, te entiendo. Y en esa misma línea, ¿cuál es el proyecto de ustedes a 2026-2027?

Ahora estamos con varios proyectos, estamos en varios colegios, estamos empezando con esta alianza con Amulén que nos tiene súper motivados, estamos trabajando también en el desarrollo de altas mejoras de FITO y estamos en otro proyecto también de escalamiento con personas externas que se han interesado en lo que hacemos. Nuestro objetivo en verdad es crecer, tener presencia ojalá en todo Chile. Me encantaría también hacer, o sea que no puedo contar algunas cosas porque todavía no están cerradas, pero…

¡Ah! spoiler, ¿tendremos una exclusiva en esta entrevista?

Jaja, claro, sí, ahí salió un spoiler, pero hay cosas que en verdad no puedo contar todavía, Pero volviendo a lo que hablamos, la meta es trabajar. Está lleno de organizaciones que hacen un montón de cócteles y seminarios y cosas que son bacanes, súper bonitas, súper entretenidas, pero nosotros estamos muy con los pies en la sala, nos importa llegar realmente a los profes y a los niños. Bueno, nuestro programa implica mucho compromiso y ganas. No es una cuestión anexa, ¿cachai? Es algo que los profes tienen que hacer súper a conciencia. No vendemos salchichas, no podemos estar en 500.000 colegios al mismo tiempo.

Perfecto. Una pregunta que me quedó: ustedes participaron en Audaces 2024. ¿Sientes que hubo un cambio en Proyecto Aprender después de esa experiencia?

Audaces fue muy bacán para nosotros. Nos dio visibilidad —Proyecto Aprender está en su sexto año, pero al lado de Titanes y otras organizaciones más conocidas—. Además tuvimos el apoyo de 360, que fue clave en temas de aparición en prensa e incidencia, algo que nos encantaría desarrollar pero no tenemos los recursos. Así que pasarle el dato a Feña y a Domingo: feliz de que nos vuelvan a ayudar con eso.

Ese tipo de experiencias son importantes para validarse en un contexto donde hay muchas organizaciones y no todos tienen la misma credibilidad. Cuando Mustafa, que es una organización súper consolidada y respetada en el mundo de las non-profit, te da ese espaldarazo, demuestra que lo que estás haciendo es un trabajo serio y que la gente puede confiar en ti.

¿Y cómo es su relación con otras organizaciones? ¿Tienen procesos de retroalimentación, se juntan a compartir experiencias?

Informalmente siempre estamos conversando. Yo trabajo en una oficina en Puerto Varas donde hay muchas otras organizaciones, así que se da mucha conversación. Buscamos aprender de otras experiencias también, claro. Hablo harto con Feña Valdés (), por ejemplo, y tengo un consejo asesor lleno de cracks que nos ayudan. También tuvimos asesoría de Imago para el modelo de negocio. Vamos encontrando personas que tienen «perlitas» que compartir, y acudimos a ellas. Me he juntado con Santiago Rincón-Gallardo, con Robert Cercos… Cuando vamos a lugares y escuchamos a alguien que dice «a esta persona hay que preguntarle», buscamos esa retroalimentación que nos ayude a ver el programa desde fuera. Buscamos esa mentoría, iluminarnos con experiencias de otras personas, incluso de otros rubros, que nos vayan iluminando la trayectoria.