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Tres recomendaciones para convertir un aula sin celulares en un gimnasio para el cerebro
06/04/2026

Tres recomendaciones para convertir un aula sin celulares en un gimnasio para el cerebro

Este nuevo año escolar nos recibe con un desafío que es, en realidad, una gran oportunidad, el inicio de la nueva ley que regula el uso de teléfonos celulares en establecimientos educacionales.

Como bien sabemos, el aprendizaje no es un proceso abstracto, sino un cambio físico en el cerebro. Cada vez que un estudiante comprende un concepto nuevo, domina una habilidad o se enfrenta a un desafío, sus neuronas se conectan de nuevas maneras, esculpiendo un cerebro más complejo y capaz. Esto es la plasticidad cerebral.

La llegada de esta ley, que prohíbe el uso de dispositivos móviles durante las actividades curriculares, nos invita a preguntarnos cómo podemos aprovechar este nuevo escenario para potenciar esa plasticidad y construir, juntos, cerebros más ricos, flexibles y creativos. Lejos de verlo como una pérdida, podemos entenderlo como una invitación a reconquistar espacios de interacción, atención plena y exploración profunda. A continuación, ofrecemos tres recomendaciones para padres, profesores y estudiantes, para sacarle el jugo a este nuevo contexto.

1.- Resignificar el recreo

Vamos a descubrir el poder del encuentro para desarrollar una mentalidad de crecimiento. El espíritu de esta ley es explicitar un derecho, el de los estudiantes a disponer de actividades para fomentar la interacción social y el encuentro comunitario durante los recreos. El espacio sin pantallas es el hábitat natural para que el cerebro social se active.

Para los profesores, esto representa una oportunidad de diseñar zonas de juego o rincones de conversación. Un simple juego de cartas, una pelota o un espacio para dibujar colaborativamente son, además de momentos entretenidos, poderosos activadores de redes neuronales relacionadas con la negociación, la empatía y la resolución de problemas.

Para los padres, la invitación es a preguntar en casa con quién jugaron sus hijos durante el recreo o de qué conversaron, enfocando la pregunta en la conexión con otros, para reforzar en el cerebro del niño la idea de que el colegio es un lugar de comunidad, potenciando su sentido de pertenencia y su mentalidad de crecimiento al ver que los vínculos también se entrenan y mejoran con la práctica.

2.- Abrazar el aburrimiento y el error como oportunidades

Sí, el aburrimiento y el error son oportunidades para moldear cerebros resilientes a través del lenguaje. Sin el celular como distracción permanente, aparecerán momentos de pausa, de posible aburrimiento e, inevitablemente, de equivocaciones. Estos son los momentos de mayor potencial plástico porque el cerebro, al no recibir estímulos externos inmediatos, se ve obligado a generar los propios. Para los estudiantes, cuando terminen una tarea y sientan el impulso de buscar el celular, es recomendable resistirlo y permitirse esos cinco minutos de no hacer nada o de divagar. Ese espacio es donde el cerebro empieza a conectar ideas aparentemente lejanas, a consolidar lo aprendido y a generar soluciones creativas.

El error, por su parte, puede ser entendido como una retroalimentación para el cerebro. Para profesores y padres, el desafío está en cambiar el foco del elogio. En lugar de decir «muy bien, te sacaste un siete», pueden celebrar el proceso con frases como «me encantó cómo persististe en ese problema a pesar de que se complicó». Frente a un error, pueden señalar «qué interesante, esta información nos dice que ese camino no funcionó, ¿qué podemos probar ahora?». Este lenguaje le comunica al cerebro que el esfuerzo y la adaptación son valiosos, construyendo así resiliencia neuronal.

3.- Incorporar nuevas herramientas

La tercera recomendación invita a incorporar herramientas para un cerebro más rico tanto en el aula como en el hogar. La prohibición del celular en clases busca poner los beneficios de la tecnología en su justo lugar. La misma ley contempla excepciones valiosas, como cuando su uso es útil para la enseñanza en actividades curriculares o como ayuda técnica para necesidades educativas especiales.

La clave está en la variedad de experiencias. Para docentes, este es el momento de diversificar las herramientas pedagógicas. Una clase puede incluir un debate, que activa la corteza prefrontal, seguido de una actividad artística que conecta con las emociones y la motricidad, y luego un breve momento de investigación guiada en un computador o, si corresponde, un uso excepcional y supervisado del celular.

Cada una de estas actividades activa redes cerebrales distintas, porque un cerebro que alterna entre el movimiento, la creación y el análisis es un cerebro que se vuelve más interconectado, flexible y creativo. Para los padres, el llamado es a reforzar en casa esta riqueza de estímulos. Si en el colegio se limitó el uso de pantallas, en casa pueden potenciar actividades que el celular solía desplazar, como cocinar en familia para explorar ciencia y matemáticas en acción, tocar un instrumento, leer un libro físico o simplemente conversar sobre el día, y así, están ayudando a que el cerebro de sus hijos desarrolle un mapa más complejo y rico del mundo.

Conectémonos de otra manera

Irónicamente, el año escolar 2026 puede ser un año de reconexión. Es la oportunidad de recordar que el aprendizaje más profundo ocurre en la interacción con el otro, en la manipulación de lo tangible y en la reflexión sin prisas. Este nuevo contexto nos invita a poner la tecnología al servicio del desarrollo humano y no al revés, y depende de toda la comunidad educativa llenar este espacio con experiencias que hagan de cada día una oportunidad para esculpir, juntos, un cerebro más plástico y maravilloso.