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Tomás Recart, Director Ejecutivo de Enseña Chile
24/06/2025

Tomás Recart de Enseña Chile, Personas que Inspiran

¿Qué lleva a un ingeniero a dejar atrás las expectativas tradicionales de éxito para dedicarse a la educación en las comunidades más vulnerables de Chile? Esta es la historia de Tomás Recart, fundador de Enseña Chile, quien, tras una reveladora charla en la universidad, recorrió un camino que lo impulsaría a trabajar por un impacto colectivo.

Con experiencias profesionales que lo llevaron desde las salas de clase de Puente Alto hasta los pasillos de Harvard, Tomás descubrió que la verdadera transformación viene de conectar a los mejores talentos con los desafíos más urgentes. Hoy, con 19 años de experiencia liderando Enseña Chile, comparte cómo una mezcla de fe, realidad cruda y esperanza lo llevó a construir puentes donde otros veían brechas.

En esta entrevista, hablamos de las inspiraciones que cambiaron su rumbo, los prejuicios que aún enfrenta el trabajo social y por qué, para él, la educación es el mejor posgrado en humanidad.


¿Cómo nació la idea de levantar Enseña Chile?

Todo comenzó durante mi quinto año en la escuela de ingeniería, cuando invitamos a Rodrigo Jordan a un encuentro. Recuerdo una frase suya que me marcó: «Los jóvenes, al igual que los pájaros, están llamados a volar por encima de los demás, pero muchos se quedan atrapados en su primer trabajo.»

Esa idea de «achancharse», quedarse estancado por comodidad, era una crítica a cómo los profesionales en Chile eligen su primer empleo: priorizando sueldo, estatus o prestigio, en lugar de buscar una experiencia que los desafíe y saque lo mejor de ellos, tanto personal como profesionalmente.

En ese momento, entendí que no bastaba con ser «el mejor profesional de Chile»; había que aspirar a ser «el mejor profesional para Chile.» Esa misión, más grande que uno mismo, me hizo darme cuenta de que no conocía realmente mi país ni a su gente. Necesitaba un trabajo que me acercara a la realidad de las personas.

Con esa convicción, supe que Andrés Iacobelli estaba formando un equipo para trabajar, precisamente en esta área, y fui a entrevistarme con él. Le dije claramente: «Quiero trabajar con usted, sin importar el rol.» Así fue como me uní al Proyecto Puentes UC, una iniciativa que buscaba conectar a la Universidad Católica con los municipios del sector poniente de Santiago. Mi rol sería ser ese puente entre los proyectos académicos y las necesidades reales de la gente.

Me asignaron a la Municipalidad de Puente Alto, donde conocí al entonces alcalde, José Manuel Ossandón. Sus prioridades eran claras: «Educación, educación y educación.»

Lo irónico es que, al salir de la universidad, tenía una certeza: no trabajaría en una ONG, no trabajaría en el sector social y menos trabajaría en educación. Pero la vida tenía otros planes.

Tomás Recart, Director Ejecutivo de Enseña Chile

El alcalde me pidió recorrer los colegios de la comuna y evaluar qué se necesitaba. Al hacerlo, descubrí un Chile que desconocía: salas de clases llenas de talento, pero vacías de oportunidades. Fue un golpe de realidad doloroso. «No es mi culpa no saber,» pensaba. Uno va al colegio, a la universidad, pero nunca ve esa otra cara del país: las escuelas vulnerables, las cárceles, la desigualdad.

Sin embargo, en medio de esa crudeza, surgió también un espíritu de esperanza. Junto a un equipo comprometido, implementamos estrategias para mejorar la asistencia escolar, clave para los colegios subsidiados. Premiamos a los profesores que lograban aumentar la presencia de sus alumnos, porque sin estabilidad en la asistencia, ningún proyecto educativo podía avanzar.

Si yo, que no sabía nada de educación, pude contribuir a cambiar realidades, esto no fue solo inspiración: refundó mi fe. Mi propósito se convirtió en una mezcla entre verdad y esperanza, porque ambas son necesarias. La verdad sin esperanza puede paralizar, y la esperanza sin verdad es ilusión. Esa combinación me dio un norte claro. Al principio dije que sería solo un año, pero terminé dedicando cinco años a trabajar en municipios como Conchalí, Puente Alto y La Pintana. Lo que empezó como algo pequeño se transformó en un movimiento, y ahí entendí que se puede hacer mucho más de lo que creemos.

¿Cuál fue tu inspiración para levantar este proyecto?

Mi inspiración tuvo tres pilares. Primero, mi fe: creo en un Dios de justicia, y eso se traduce en actuar por quienes no tienen oportunidades. Segundo, una revelación en Harvard y que llegó a mi por accidente: Wendy Kopp, de Teach For America, a quien conocí porque en el momento en que pude viajar, que viví gracias a las becas, me encontraba en una situación financiera donde todo era muy caro. Debía ir a charlas donde dieran pizzas gratis para poder comer. En una de esas, cuando ella fue invitada para dar una charla, dijo algo que me cambió la perspectiva: no se trata de resolver todo, sino de conectar a los mejores talentos con los problemas más urgentes. Esa idea resonó con todo lo que había vivido.

Tercero, pero no menos importante, sería la sala de clases, porque si no te motiva la sala de clases entonces qué estás haciendo acá. El modelo que trajimos a Chile en 2008, pensando que serían solo dos años y que hoy lleva 17, ha sido una fuente de inspiración constante. Y claro, tampoco puedo dejar afuera a mi equipo, al directorio detrás de Enseña Chile, que es un equipo de lujo.

¿Qué le dirías a alguien que está pensando en postular a Enseña Chile?

Lo que aún me mueve es ver el impacto directo. Ir a las escuelas, encontrarme con estudiantes que empiezan a creer en su futuro, y trabajar junto a un equipo excepcional me recuerda que esto es una tarea colectiva. Pero el mayor desafío sigue siendo cultural: muchos ven el trabajo social como un sacrificio, no como la mejor escuela de liderazgo. He escuchado a familias decir: «Mi hijo estudió ingeniería; no irá a enseñar en un colegio vulnerable». Pero esto es justamente lo que forma profesionales íntegros: enseña perseverancia, empatía y liderazgo real, algo que ninguna oficina puede igualar.

Por eso, a quienes dudan en sumarse, les digo lo mismo que me pregunté años atrás: ¿Quieres ser solo el mejor profesional de Chile, o también el mejor para Chile? Si buscas crecer de verdad, necesitas una misión más grande que tú. Y esa misión no se encuentra en teorías, sino en el terreno, donde la realidad te desafía y te transforma.