En esta entrevista, Francisca Muñoz Fernández, una de las cuatro fundadoras de ONG Neyün nos comparte cómo nace este proyecto, cuáles son los desafíos de implementar mindfulness en escuelas, su alianza transformadora con la Fundación Mustakis, y su visión audaz. A través de sus respuestas, nos revelan cómo están revolucionando la educación desde lo humano ya que sin esto, el aprendizaje puede sentirse vacío.
¿Qué les inspiró a levantar este lindo proyecto que es Neyün?
Somos cuatro fundadoras unidas por una experiencia común: todas trabajamos como docentes en distintos colegios vulnerables de Chile, y en cada uno de ellos vivimos la misma frustración al ver cómo el sistema educativo, dado la alta demanda de tareas, descuidaba el desarrollo humano de los estudiantes. Nos dolió la falta de espacios para que los NNJ, especialmente en esas etapas tan complejas como la preadolescencia, pudieran entenderse, gestionar sus emociones y cultivar valores. La escuela se enfoca tanto en lo académico que olvidaba que lo esencial es, también, formar personas.
Además, al enfrentarnos día a día con la creciente crisis de salud mental en las aulas (estrés, desconexión, violencia) entendimos que era urgente actuar. Nos movió el deseo de colaborar devolviéndole la dimensión humana a la educación, recuperando la importancia de las pausas, los vínculos empáticos y el respeto por las individualidades. Así, combinando mindfulness educativo y compasión, creamos una metodología para acompañar a las escuelas en este cambio. Nuestro sueño es que estudiantes y docentes vivan el aprendizaje desde el bienestar, reconectándose consigo mismos y con su entorno.
¿Cuál ha sido la motivación que les mueve?
La inspiración inicial que nos motivó tiene que ver con haber vivido una experiencia desde la sala de clases, o sea, haber trabajado en colegios y haber percibido como funcionan a nivel personal. Y como segunda cosa también, nos moviliza mucho el poder realmente mirar el proceso educativo como un proceso integral, y sabemos que las escuelas en general buscan eso también. Sin embargo, muchas veces no tienen herramientas, no tienen necesariamente un marco teórico en el cual sustentarse, no tienen los tiempos para hacerlo, porque hay muchas presiones desde lugares administrativos. Eso también inspiró mucho en la metodología que hoy día usamos, que intentamos siempre ofrecer una metodología que sea de fácil integración y que venga súper contextualizada a los colegios chilenos. En el cómo se mueve el colegio, desde el equipo directivo, el equipo educativo, la forma horaria que tiene el colegio.
Todo lo que ofrecemos nos movilizó mucho. Todos en el equipo queremos que esta oferta tenga que ver con algo que sea realmente útil, contextualizado, pedagogizado y realmente insertable a la rutina escolar así tal y como es.
¿Qué desafíos han enfrentado desde su conformación?
Uno de nuestros mayores desafíos ha sido educar en torno a la relevancia del bienestar y de lo emocional en el proceso de aprendizaje ya que muchas veces para las escuelas, esto pasa a segundo plano porque priman otras urgencias. Hemos tenido que traducir conceptos como mindfulness, compasión o humanidad compartida en acciones concretas y medibles, sin perder su profundidad, para que las comunidades educativas vean que el bienestar no es un lujo, sino la base para aprender mejor. La neurociencia lo confirma: un cerebro estresado aprende hasta un 50% menos, por lo que trabajar estas dimensiones es clave para generar oportunidades reales en los estudiantes.
Otro reto ha sido sostener estos procesos a largo plazo, especialmente en contextos con alta rotación, fragmentación o falta de recursos. Sin embargo, hemos comprobado que cuando las escuelas integran prácticas como la pausa consciente y la escucha empática, se generan cambios culturales profundos. Cambios que aportan a generar un clima laboral más seguro, más estimulante y por lo tanto sentido de pertenencia. Estos pequeños pasos permiten que equipos docentes y estudiantes reconozcan que, sin bienestar, no hay aprendizaje significativo.
¿Cómo nació el vínculo entre Neyün y Fundación Mustakis?
Nuestro vínculo con la Fundación Mustakis comenzó en 2018 cuando coincidimos en un fondo de Enseña Chile del que Neyün estaba siendo parte y la Fundación Mustakis estaba apoyando. Ellos se interesaron por nuestro proyecto y nos brindaron un primer apoyo financiero clave para pilotear nuestro programa de mindfulness socioemocional en el Colegio CREE de Cerro Navia. Este respaldo nos permitió validar nuestra metodología con estudiantes de básica e incluso realizar una evaluación de impacto con la Universidad Adolfo Ibáñez, marcando el inicio de una alianza que perdura hasta hoy.
Desde entonces, hemos crecido juntos. Compartimos espacios en su hub, colaboramos en la formación de equipos educativos e incluso capacitamos al staff de Mustakis en mindfulness educativo. Su apoyo ha sido fundamental para sistematizar nuestra metodología, llegar a nuevos territorios y fortalecer esa visión compartida de una educación más humana e integral. Valoramos profundamente esta relación de confianza mutua y co-creación constante.
¿Qué se viene para el futuro?
Nos proyectamos como una red nacional de comunidades educativas conscientes, donde el mindfulness educativo y la compasión sean parte del lenguaje cotidiano en las escuelas. Buscamos posicionar estas prácticas no solo por que su evidencia científica demuestre su impacto en el aprendizaje y las habilidades socioemocionales, sino porque creemos firmemente que son la base para culturas escolares más humanas. Hoy contamos con una red de embajadores en distintos territorios de Chile, docentes que promueven localmente esta transformación, y seguiremos formando educadores líderes y creando materiales pedagógicos accesibles para escalar este cambio.
La evidencia es súper clara. El mindfulness o la atención plena, la regulación emocional, el clima cultural, impacta directamente en el aprendizaje y en el desarrollo integral de los y las estudiantes.
