Humboldt, un colegio con impacto territorial real
Imaginar la magnitud, energía, estudio, coordinación y cohesión que significa crear un colegio es inimaginable, y en una zona rural, donde soñar con un establecimiento educacional de primera calidad puede parecer utópico, más aún. Este es el caso del colegio Humboldt, un proyecto de innovación educativa en plena naturaleza de la comuna de Navidad, región de O’higgins donde se origina un real impacto territorial y nacional, que promueve un desarrollo regenerativo desde su arquitectura hasta su sistema de aprendizaje y vinculación con el entorno y que toma su geografía como una gran aliada y uno de sus principales valores entendiendo su identidad rural, costera y emergente.
Impulsado por la fuerza y el sueño de sus fundadores Rosario Valenzuela, Lucía Butazzoni,y Fernanda Witt, nace la Fundación Humboldt, sostenedores del colegio Humboldt que se crea como respuesta a la pandemia y a la descentralización “Se hacía necesario un establecimiento educacional de calidad en la zona rural, promoviendo así la descentralización del país.” Comenta Rosario. Así emerge esta misión. Conversamos con Rosario, Gabriel ´Jordan, miembro del directorio, Leen Vandevelde, Directora, Gonzalo Hevia, encargado de bienestar y Carla Melo, Mindful Coach del colegio.
¿Cuál es la misión que se pusieron y que plantearon en este colegio?
Teníamos claro que este iba a ser un colegio con una conexión con el territorio muy importante. Todo el proyecto educativo, toda la visión del colegio, tenía un propósito muy conectado con lo ecosocial.
Para nosotros que los niños sean “buenos”, significa que sean sensibles y capaces de observar las necesidades y las problemáticas del entorno, de las personas, que sean agradecidos y conscientes de los privilegios que tienen. Que sean felices significa precisamente que desarrollen su identidad y vivan con propósito, que se conecten con las problemáticas y que puedan accionar responsablemente con ellos mismos, su comunidad, su entorno y el mundo global. por que lo que hagan o dejen de hacer, sí importa y si tiene un impacto en su entorno.
¿Qué tipo de estudiantes son los que busca desarrollar el colegio Humboldt?
Leen Vandevelde, de Bélgica, es la directora. “Estamos desarrollando alumnos que son agentes de cambio o que son protagonistas activas de sus aprendizajes pero más allá de sus aprendizajes, de su comunidad”, explica.
El instrumento más clave que se desarrolló gracias a las fundadoras es el proyecto educativo institucional, con una visión y propósito ecosocial florece 100%. Sus cuatro principios centrales son la sustentabilidad, el bienestar, la excelencia académica y la innovación. Son principios que proyectan con claridad qué tipo de estudiantes se quiere formar tener y cuál es este docente que esperamos sea co creador y parte de nuestro proyecto educativo.
Podrías contarme ¿qué tipo de experiencia es distinta para un estudiante en el colegio Humboldt, a diferencia de otros proyectos?
“Buscamos continuamente sacar a los alumnos de la zona de confort, entrando en su zona de aprendizaje. Esa es la clave que nosotros buscamos día a día”, señala Vandevelde.
Un elemento muy diferenciador que tenemos en el colegio es cómo iniciamos y cómo terminamos el día. Le llamamos Community and Connection y Reflection Time. Se trabaja la autoconciencia, el manejo emocional, la empatía. Se guía a los aprendices a regular sus emociones, a mirar al otro con más comprensión. Es una gratitud consciente que reconoce lo valioso del lugar donde estamos.
A través de la acción y haciendo las cosas, esos aprendizajes fluyen. Y eso es muy típico de lo que hacemos día a día.
Imagino que eso está integrado en el proyecto completo.
Sí, un poquito más específico a quién somos nosotros y qué nos marca mucho es el currículum del Oxford International Curriculum, el currículum de UK que abarca asignaturas bien particulares. Es decir, el bienestar es central, la sustentabilidad y los proyectos de Global Skills en el mundo es una estructura que proyecta semanalmente la enseñanza de esas asignaturas a los niños.
Eso va mucho más allá que las partes académicas o cognitivas. Vamos a la enseñanza de lo socio emocional, vamos a la enseñanza de la ecología, y nuevamente ese pensamiento crítico, ese sentido de agencia, de responsabilidad que yo tengo. Ese objetivo de aprendizaje con contenidos es una parte pero ampliamos mucho más a emociones, sentidos, evaluaciones, metacognición y retroalimentación. Esa parte se refleja mucho en este currículum de Oxford.
El mindfulness como pilar para la conexión y la comunidad
“Tenemos un espacio que se llama Community and Connection, que se hace en las mañanas, los primeros 15 minutos, donde se trabaja la autoconciencia, con distintas prácticas vemos cómo llevar el manejo emocional, la empatía. Tratamos de guiar a los aprendices a regular sus emociones, a mirar al otro con más comprensión.” Nos cuenta Carla Melo, Mindful Coach del colegio Humboldt.
Según el valor del mes vamos uniendo estas actividades con valores como la tolerancia, la empatía. También la importancia de la gratitud, una gratitud consciente que reconoce lo valioso del lugar donde estamos. En Reflection Time, que son los últimos minutos del día, usan la agenda, tienen la oportunidad de agradecer. Hay una parte específica que se llama, What am I Grateful for? que en el fondo de qué estoy agradecido y los niños reflexionan. Estos ejemplos concretos que pueden ser pequeños gestos luego generan cambios importantes.
El mindfulness lo ejercitamos todos los días y de forma planificada y bien sostenida, los martes, miércoles y jueves, lo que nos da conexión con el orden, la estructura, calma y equilibrio tanto a docentes como a los estudiantes.
Tomando como base la idea del espacio como «tercer educador», ¿cómo se complementan o diferencian el diseño arquitectónico y el entorno natural del Colegio en su función educativa?
En el desafío de preparar a nuevas generaciones para un mundo incierto y complejo, apostamos por convertir y aprovechar cada espacio en un maestro. Ampliamos la mirada hacia la naturaleza y el territorio, entendiendo que el colegio se puede desplegar en el paisaje, en la cultura y en la vida compartida de la comunidad. Entonces, el diseño arquitectónico y el entorno natural cumplen funciones educativas distintas, pero profundamente complementarias. La arquitectura, cuando se entiende como infraestructura viva, ordena, cuida y habilita. El diseño de nuestras aulas por otro lado, que son amplias y flexibles, invitan a la colaboración y la creatividad. La biblioteca, los talleres y los espacios comunes fortalecen la vida comunitaria. La materialidad en madera y la luminosidad transmiten bienestar, respeto y belleza. Es un edificio que fue pensado para enseñar través de su forma, cada rincón está cuidadosamente pensado para educar en valores de convivencia, estética y cuidado.
El entorno natural, en cambio, educa desde lo vivo, lo dinámico y lo imprevisible. Nosotros tenemos siete hectáreas propias y colindamos con el Parque Reserva El Maitén de 180 hectáreas, intentamos hacer un aula abierta donde se aprende observando ciclos, restaurando ecosistemas y practicando deportes en la naturaleza. Aquí la enseñanza es directa porque la naturaleza muestra complejidad, interdependencia y resiliencia. Y si ampliamos la mirada al territorio, la comuna de Navidad, con su costa, su cultura campesina y su biodiversidad, también se convierte en aula extendida. Aquí los niños y niñas aprenden de los bosques, del campo y del borde costero, y también de las historias, los oficios y los desafíos de la comunidad que habitan. El territorio educa en identidad, pertenencia y compromiso y eso responde a nuestro propósito más profundo, formar agentes de cambio capaces de transformar su realidad desde la armonía, la conciencia y la pertenencia.
