En esta nueva edición, conoceremos la inspiradora historia de una mujer de Valdivia, cuya trayectoria combina la pasión por la ciencia, el servicio a la comunidad e innovación social. Florencia Álamos Grau, quien menciona siempre con orgullo su apellido materno en honor a las mujeres valientes de su familia, estudió medicina fascinada por el cerebro y su complejidad. Su camino la llevó a especializarse en neurociencia, trabajando en laboratorios de investigación en Estados Unidos, donde exploró temas como el autismo y el Parkinson, e incluso participó en el diseño de dispositivos de modulación cerebral.
Pero su inquietud por conectar el conocimiento científico con las personas la llevó más allá de la academia. Durante su doctorado, fundó Ciencia Impacta, una organización dedicada a democratizar el saber y empoderar a las personas a través de la información accesible. Este proyecto cobró especial relevancia durante la pandemia de Covid19, cuando la comprensión colectiva de temas como las vacunas se volvió crucial.
Hoy, Florencia es fundadora y directora ejecutiva de Fundación Kiri, una iniciativa colaborativa que aborda desafíos complejos desde un enfoque interdisciplinario, combinando evidencia internacional con la realidad local. Su visión sistémica y su compromiso con la educación basada en el juego reflejan una convicción de que el aprendizaje y la creatividad nacen en entornos que fomentan la exploración y la colaboración.
¿Qué te inspiró a fundar Kiri?
Ver que había una herida abierta hace mucho tiempo en Chile. Una herida que se hizo más visible luego de la pandemia, que viene de un dolor arrastrado desde la niñez y que tiene que ver con la crisis de salud mental que, muchas veces, uno solo ve en indicadores (uno de cada dos jóvenes tienen un problema de salud mental), pero también, cuando uno está en los territorios, se da cuenta que el número es aún más dramático porque uno de cada dos puede tener el diagnóstico, pero probablemente los otros no están mucho mejor.
Si bien esa herida de la que hablas es muy real, ¿qué hizo que tú la vieras?
Siento que tuve una historia, en algunos sentidos, de mucha suerte, porque crecí en contacto con la naturaleza, en el sur, en los bosques, tuve oportunidades de poder jugar en entornos que te invitaban hacia la naturaleza. Fui a un colegio que era muy chiquitito, tuve espacios de vinculación muy fuerte con mis compañeros, con mis profesores, pero también con las familias, como una escuela que trascendía el espacio de la misma escuela.
¿Qué recuerdos tienes?
El aterrizaje en Santiago fue un golpe de contrastes, de ver una ciudad que es muy segregada en la forma en que está construida, que hay ciertos universos que son invisibles uno del otro, y que pueden no encontrarse ni verse jamás. Empecé a ver una niñez que crecía en espacios que son poco seguros y poco protectores, donde el juego es difícil, donde el verde a veces no lo ves. Después de haber aterrizado en Santiago, desde el ambiente de salud, empecé a relacionarme con una niñez muy herida que, quizás, fue mi movilizador.
¿Qué te llevó a trabajar junto al programa de Ciencia y Tecnología de la Fundación Mustakis?
El proyecto RIEN, Robótica Integral Educativa y Neurociencia, que hacemos en colaboración con Mustakis, Kiri y NeuroUC, unen las experiencias y los aprendizajes. Mencioné esas sonrisas desdibujadas, que en algún minuto alguien se las robó a la niñez. Y es muy bonito y es muy provocador que este proyecto precisamente se llame RIEN, que es la sigla, pero a la vez una palabra en sí misma, como en recuperar esa sonrisa, recuperar esa alegría y recuperar espacios de protección.
¿Qué relación existe con la robótica?
Si pensamos en la interacción digital, se suele hacer esta referencia, que uno está muy hiperconectado, pero a la vez está muy solo. Entonces RIEN ha sido esta lucha por humanizar la tecnología, pensar: ¿Por qué no la robótica?, que es algo tan entretenido, tan fascinante, puede ser un espacio donde nos convirtamos y explotemos ese ámbito tan humano, que son los vínculos, las relaciones sociales, el trabajar en equipo por un propósito compartido, el aprender a agradecer. En RIEN entendemos que la tecnología es un medio para cultivar competencias humanas.
¿Cuáles son los desafíos que tiene la Fundación Kiri?
Cuando pensamos Kiri, siempre supimos que no intentábamos trabajar en un problema que afectara a unos pocos. Es un problema que se repite, si uno va al norte, si uno va al sur, está en todas partes. De hecho, nosotros trabajamos con alta vulnerabilidad, pero tampoco responde al nivel socioeconómico, es súper transversal. Tuvimos que diseñar un modelo que tuviera estandarización, porque el modelo pudiera funcionar en Iquique, pero también en Nueva Imperial. Vas generando un modelo que tenga una estandarización suficiente para que sea fiel a lo que pensaste, pero que también sea flexible para poder adaptarse a otros colegios, a otras realidades.
¿Cómo ha sido incorporar la neurociencia al trabajo social?
Yo estoy permanentemente entre el mundo más académico y el mundo más territorial, de la sociedad civil, y me doy cuenta que los dos tienen expertices que el otro no tiene. La academia tiene todo lo que es la teoría, pero se le escapa a veces esa chispa o ese detalle que tienen las personas que realmente están con las botas puestas en terreno y al final muchos de los programas que fallan, no lo hacen porque hayan sido mal pensados, todos tienen componentes y parten de primicias que son tremendamente valiosas, pero generalmente los programas se caen en la ciencia de la implementación. Ahí evidentemente estos dos mundos tienen muchísimo que conversar.
¿Qué importancia tiene la neurociencia?
Cuando uno estudia neurociencia entiende los procesos de aprendizaje, la creatividad, en el fondo por qué somos personas que nos emocionamos, todas esas claves que ha ido dando el estudio del cerebro a lo largo de muchos años. Son conocimientos demasiado ricos cuando trabajamos en temas que tienen que ver con salud mental y educación. La neurociencia nos ha servido mucho en el diseño, porque cuando entiendes realmente qué es lo que motiva a una persona, o qué es lo que hace que un aprendizaje se consolide en el tiempo y para la vida, cuando tú entiendes ese proceso, ese mecanismo, lógicamente te ayuda en el diseño de programas que fomenten eso en niños.