
Carlos Gutiérrez, Director Ejecutivo de Acompañando Pasos
En un contexto donde las cifras de natalidad en Chile van a la baja y la conciliación entre la vida laboral y familiar se vuelve cada vez más compleja, surge la pregunta de cómo apoyar a los hogares más vulnerables donde las dificultades se multiplican. Para hablar de esto, conversamos con Carlos Gutiérrez, director ejecutivo de Fundación Acompañando Pasos. Su trayectoria, lejos de ser lineal, es un recorrido que une la vocación social heredada de sus padres, ambos profesores de matemática, con la experiencia práctica de haber cofundado la fundación Sembrar Futuro y su paso por el sector público en los ministerios de Vivienda, Desarrollo Social y el de Secretaría General de la Presidencia.
Ese bagaje, que combina la creación de proyectos sociales con el conocimiento de la maquinaria estatal y una visión técnica fortalecida con estudios de Política Pública y un MBA, lo llevó a identificar una problemática clave, la falta de redes de apoyo para el cuidado de los niños después de la jornada escolar. Un desafío que, según los datos de la CASEN y las proyecciones para Chile, afecta directamente la calidad de vida de las familias y su desarrollo. «Por eso elegí Acompañando Pasos», explica Gutiérrez, «por mi bagaje social, mi paso por el gobierno y esta problemática», que hoy abordan en colegios con más de un 85% de vulnerabilidad a través de un programa de After School.
¿Por qué el nombre «Acompañando Pasos»? ¿Cuáles son esos pasos que ustedes quieren acompañar?
El nombre Acompañando Pasos es integral a nuestros beneficiarios, a quienes separamos en dos grupos. Los beneficiarios directos son los niños y niñas que participan en nuestro programa. Los beneficiarios indirectos son los apoderados de esos niños. El nombre refleja que acompañamos al núcleo familiar en su totalidad. Por un lado, el programa se focaliza en acompañar los pasos de esos niños con una metodología propia. Y por otro lado, acompañamos a los apoderados, dándoles la tranquilidad de que sus hijos están en un entorno seguro. Esto les permite mantener su fuente laboral, o salir a buscar trabajo si lo han perdido. Es un acompañamiento en todos los pasos que dé la familia, ese es el concepto madre de la fundación.
Detrás de los números del programa After School, imagino que hay muchas historias. Sin revelar identidades, ¿podrías contar alguna que represente el impacto de lo que hacen?
Todos los días tengo historias. Intento ir a terreno constantemente, y una que me marcó fue en La Pintana. Es el caso de una apoderada, madre soltera de tres hijos, que tiene un emprendimiento en la misma comuna. Su hija menor, de nueve años, tiene autismo moderado. Durante años, la única opción que tenía era dejarla sola en casa con un celular o llevarla al trabajo, donde igual pasaba sola. Ella se sentía culpable, sintiendo que eso acentuaba la condición de su hija, y eso le afectaba mucho su salud mental.
Hasta que le recomendaron nuestro programa. No es una guardería, es un espacio con una metodología de entorno seguro. Le tendimos la mano y eso le cambió la vida. Hace poco la entrevistaron para un reportaje, y ella lo agradecía porque le permitió seguir con su emprendimiento, expandirlo y profesionalizarlo, con la tranquilidad de que su hija no está sola. Y lo más importante es que ha visto un cambio enorme en su hija. Pasó de ser una niña retraída a compartir, vincularse con otros niños y ganar seguridad gracias a las monitoras. Ese es el impacto que buscamos, el beneficio para la niña, pero también para la madre, que pudo seguir trabajando y mejorar su salud en general. Esa sinergia es la que vemos permanentemente en las distintas sedes.
Ya nos has hablado del núcleo del trabajo, pero ¿podrías profundizar en qué significa para ustedes el concepto de «ambiente seguro»?
Para nosotros en Acompañando Pasos, un entorno seguro es también un entorno eficiente en términos de aprendizaje, vínculos y redes. No solo se cuida al niño, sino que se le enseña algo y se involucra a la familia. El concepto de «entorno» implica la comunidad que generamos entre nosotros mismos, la participación de los apoderados con sus hijos y con el colegio. Trabajamos en establecimientos muy vulnerables, donde la participación de las familias suele ser baja. Por eso, nuestro programa, que es gratuito y dura 11 meses, tiene actividades de participación obligatoria para los apoderados. Ahí invitamos a los directores y a las familias, y se generan vínculos que van más allá de lo habitual.
Ese entorno seguro, durante tres horas diarias, busca ser a largo plazo. Intervenimos con niños de 4 a 10 años, desde prekínder hasta cuarto o quinto básico. Son muchos años en los que la familia se siente segura y tranquila, y la unidad familiar aprende cosas adicionales a lo que entrega el colegio en la jornada normal.
Uno de sus pilares es el desarrollo de habilidades socioemocionales y la comprensión lectora. ¿Por qué van de la mano? ¿Cómo un niño que se siente seguro aprende a leer de una manera distinta?
Son dos ejes distintos pero que se conectan. Las habilidades socioemocionales las trabajamos con el marco CASEL (autogestión, autocontrol, conciencia social, toma de decisiones responsable y habilidades para las relaciones interpersonales). Hacemos un seguimiento personalizado de cómo avanza cada niño en estas competencias. La habilidad lectora la trabajamos con la metodología Glyphin, que es lúdica y se practica en las salas de enlace de los colegios, enfocándonos en velocidad y comprensión lectora.
Los niños practican esto mediante actividades lúdicas dentro del establecimiento, donde se sienten seguros. La confianza con las monitoras y el hecho de pasarlo bien es el incentivo. Tenemos una rutina semanal, pero si las familias quieren practicar en casa, pueden hacerlo en sus computadores. A veces vemos que hay niños que duplican las horas de práctica porque los apoderados los motivan desde casa, y eso es muy bueno porque significa que les gusta.
Lo bacán es ver cómo se mezclan los ejes. Tenemos espacios de lectura donde los niños, después de uno o dos meses en el programa, van solos, abren libros y ya tienen autonomía lectora. Ahí están aplicando una competencia de CASEL, la toma de decisiones. Ellos mismos deciden ir a leer. Esa es la conexión, porque las habilidades socioemocionales potencian el amor por la lectura, y eso se va permeando con el programa.
Mirando al futuro, ¿cuál es el próximo gran sueño o paso que quieren dar como organización?
Mi norte es estar en todos los colegios públicos de comunas vulnerables que tengan una necesidad real de cuidado, y que esto se transforme en una política pública. Estoy seguro de que podemos ser un gran partner del Ministerio de Educación o del SERNAMEG. Tenemos una metodología propia, flexible y que se adapta a distintas realidades. Ya trabajamos con cuatro Servicios Locales de Educación (SLEP) y conocemos su dinámica. Puedo decir que nuestro objetivo al 2030 es impactar a más de mil niños, avanzando a 14 comunas y tres regiones, siempre focalizados en el 85% más vulnerable.
¿Y qué necesitan para llegar a eso?
Necesitamos la colaboración del gobierno y el Estado. Necesitamos que los directores crean realmente en el programa y que los Servicios Locales de Educación se hagan parte activa. No basta con que nos reciban porque el programa es gratuito; necesitamos que cumplan los convenios. Lo básico que pedimos es infraestructura, una sala de clases y una sala de reuniones. Nuestro equipo interventor está en los colegios de 10 de la mañana a 7 de la tarde, de lunes a viernes. Son uno más del equipo. Por eso necesitan participar en los consejos de profesores y tener una contraparte efectiva, como un jefe UTP o un director.
Creer en el programa implica estar convencido de que soluciona una problemática real. Cuando gestionamos las matrículas, verificamos con los directores que las familias tengan esa «real necesidad de cuidado» que no tengan redes de apoyo, que trabajen de forma informal, o que estén buscando empleo. Buscamos que los colegios estén convencidos, que proyecten el programa a largo plazo y que lo integren en sus Planes de Mejoramiento Educativo (PME). Queremos conocer la realidad local de cada colegio para, después de un tiempo, poder ayudar a los directores a tomar mejores decisiones.

Equipo Acompañando Pasos