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El Cerebro Plástico: La llave para una educación transformadora
06/04/2026

El Cerebro Plástico: La llave para una educación transformadora

Creemos en el enorme potencial del ser humano y, también, en el poder transformador de la educación, sobre todo cuando es significativa, cuidadosa y desafiante. Estamos convencidos de lo anterior porque sabemos que nuestro cerebro es plástico, es decir, que tiene la capacidad intrínseca y dinámica de modificarse, reorganizar sus conexiones y adaptarse funcionalmente en respuesta a la experiencia, el aprendizaje y la estimulación, lo cual puede abrir camino profundos de transformación. Hoy queremos hablarte un poco de la neuroplasticidad.

Durante décadas, se sostuvo la creencia de que el cerebro adulto era una estructura fija, que en la infancia nuestro cerebro se puede moldear y que al crecer era más difícil aprender. ¿Alguna vez escuchaste comentarios como «tú vas a ser bueno para las matemáticas igual que tu papá», «este niño nunca va a ser artista, mira este dibujo», «si no aprendes inglés antes de los 18 estás frito» o «esta persona que perdió la mano en su accidente nunca va a poder escribir»? Esas ideas reflejan justamente esa antigua concepción de un cerebro rígido y predeterminado. Sin embargo, investigaciones pioneras lograron derribar esta idea, demostrando que el cerebro mantiene una capacidad de cambio y aprendizaje a lo largo de toda la vida.

Estudios¹⁻²⁻³ demuestran que el cerebro cambia con la experiencia: cuando alguien aprende a leer Braille o practica un instrumento musical, su cerebro se adapta físicamente. Investigaciones con taxistas londinenses⁴ y estudios longitudinales⁵ mostraron después que incluso la memoria de calles puede modificar la estructura del cerebro. Esto nos llevó a un nuevo entendimiento: el cerebro no es fijo, sino un sistema dinámico que se reorganiza permanentemente, transformando por completo lo que creíamos posible en el ser humano.

Comprender el concepto de un cerebro plástico es fundamental porque nos aleja de conceptos rígidos y nos demuestra que somos moldeables. Significa que nuestras capacidades se construyen y fortalecen con la práctica, el entorno y la calidad de los estímulos. Un niño o niña que crece en un entorno con acceso limitado a libros o lenguaje rico no tiene un destino académico sellado, sino que su cerebro responde y se transforma cuando se le ofrecen experiencias estimulantes y mediación adecuada. Del mismo modo, programas de apoyo socioemocional en escuelas pueden reorganizar respuestas al estrés en estudiantes que han vivido situaciones complejas. Esta visión nos enseña que, donde antes pensábamos que encontraríamos límites, ahora vemos lugares llenos de posibilidades.

Educar es crear oportunidad

Si trasladamos esta idea a la escuela, el cambio de mirada es enorme porque, de repente, la famosa etiqueta de «no es bueno para esto» pierde todo sentido. Acabamos con los juicios, con la clasificación de los alumnos, y empezamos a hablar de desafíos, de cómo diseñar experiencias que los transformen.

Claro, esto no significa que todos podamos ser Einstein, Marie Curie o Messi. La genética existe y pone sus cartas sobre la mesa, pero la plasticidad nos recuerda que el juego no está decidido solo por esas cartas, sino por cómo las jugamos, por las experiencias que ofrecemos, por los errores que permitimos, por la seguridad emocional que brindamos.

Y ahí es donde metodologías como el aprendizaje basado en proyectos, el juego, el modelaje, los seminarios socráticos, las prácticas guiadas, entre otras,  se vuelven protagonistas. El cerebro es plástico: cualquier práctica que requiera compromiso activo modifica sus conexiones, sea o no  entretenida. Sin embargo, las metodologías activas marcan la diferencia porque activan múltiples vías de aprendizaje y sostienen la motivación, elemento esencial para captar la atención y aprender. Cuando un niño juega, negocia, prueba, falla y vuelve a intentar, está activando y fortaleciendo redes neuronales exactamente igual que cuando un taxista memoriza unas calles o un ingeniero asiste a una conferencia. Está, literalmente, esculpiendo su cerebro.

Modelando futuros con conciencia neuroplástica

Nos gustaría que te quedes con estas preguntas: ¿Qué experiencias estoy ofreciendo hoy a quienes me rodean? ¿Son experiencias que siembran posibilidad o que confirman límites?

En Fundación Mustakis llevamos años haciéndonos esa pregunta. Y de ella han nacido iniciativas como KAOS Escolar, que busca formar un espacio de aprendizaje y exploración sin miedo; Circo Frutillar, donde niños y niñas del sur del país descubren que su cuerpo y su mente pueden mucho más de lo que creían; o Ciencia y Tecnología, que impulsa la programación como forma de trabajo colaborativo y creativo, todo pensando en un crecimiento integral de las capacidades en entornos donde la plasticidad puede florecer.

No hace falta ser neurocientífico para aplicar esto. Basta con mirar a quien tenemos al lado y preguntarnos ¿qué puedo aportar hoy para ayudarle a desafiar sus límites? La neuroplasticidad está dada por nuestra biología, es una característica del cerebro. Somos una mezcla de biología y contexto, las experiencias que vivimos son tan importantes que no las podemos dejar al azar y por eso es fundamental el vínculo y el diseño consciente de estas oportunidades. Debido a esto, el Modelo de Aprendizaje Mustakis, que es la base de los programas antes mencionados, no improvisa experiencias, las diseña conscientemente desde la evidencia.

El cerebro está en constante aprendizaje

Una pedagogía basada en la neurociencia parte de la certeza de que el cerebro se transforma con experiencias adecuadas. El desafío, entonces, es educar para la vida: formar personas con herramientas para seguir aprendiendo siempre, adaptarse a distintas situaciones y aportar a la sociedad. Esto implica aceptar el error como algo natural que nos lleva a preguntarnos y buscar soluciones, y valorar experiencias que generan conexiones profundas: el contacto con otros y con la naturaleza, la práctica reflexiva y metacognitiva, la lectura, las buenas conversaciones, el arte. Cada interacción bien diseñada es una oportunidad real de reorganización neuronal y crecimiento personal.

FUENTES:

¹ Ramachandran, V. S., & Hirstein, W. (1998). The perception of phantom limbs. Brain, 121(9), 1603–1630.

² Pascual-Leone, A., & Torres, F. (1993). Plasticity of the sensorimotor cortex representation of the reading finger in Braille readers. Brain, 116(1), 39–52.

³ Elbert, T., Pantev, C., Wienbruch, C., Rockstroh, B., & Taub, E. (1995). Increased cortical representation of the fingers of the left hand in string players. Science, 270(5234), 305–307.

⁴ Maguire, E. A., et al. (2000). Navigation-related structural change in the hippocampi of taxi drivers. Proc. Natl. Acad. Sci. USA, 97(8), 4398–4403.

⁵ Draganski, B., et al. (2004). Changes in grey matter induced by training. Nature, 427, 311–312.