
Marcelo Ríos, jefe del programa de Ciencia y Tecnología
Como jefe del programa de Ciencia y Tecnología en la Fundación Mustakis, tengo la mirada puesta en las Tecnologías Emergentes. Desde la invención de los computadores a principios de los años 70 hasta hoy, hemos vivido una revolución impulsada por estas tecnologías. Somos la generación con mayor acceso a la información en la historia, superando a la antigua Grecia e incluso al siglo XX. En los 80, las computadoras llegaron a los hogares; en los 90 y 2000, internet y los celulares masificaron la conexión global. Para 2010, esta accesibilidad permitió que las personas experimentaran por sí mismas, combinando recursos para crear soluciones que antes eran difíciles de imaginar.
Estas tecnologías emergentes, como la Inteligencia Artificial, Robótica, el Internet de las cosas (IoT) o la fabricación digital, han surgido de revoluciones previas. Su impacto va desde proyectos DIY (hágalo usted mismo) en talleres caseros hasta aplicaciones industriales o médicas. Algunas son tangibles, como robots agrícolas. Otras, como plataformas de IA, operan en lo digital y pueden llegar a tomarse una red social por sorpresa. Lo común es su capacidad para resolver problemas específicos, ya sea en escala local o global.
Las tecnologías emergentes ya son parte de nuestra vida cotidiana
Hoy, estas herramientas transforman áreas como ingeniería, agricultura, medicina, arte y educación. Optimizan tiempos, automatizan cálculos complejos y permiten innovaciones a gran escala. Por ejemplo, actualmente existen algoritmos que analizan el ADN humano en horas (lo que antes tomaba décadas) o apps que personalizan el aprendizaje según las capacidades de la persona. Su valor está en la integración de disciplinas, la mezcla de hardware, software y, por supuesto, la infinita creatividad humana.
También podemos ver estas tecnologías, que son consecuencia de la combinación de diferentes disciplinas, en abundantes ejemplos concretos. Hace pocas semanas, recibimos en nuestra Fundación la visita del robot RIA, un robot que interpreta emociones y responde con voz gracias a sus sistemas de IA y que ayudará en los procesos de aprendizaje escolar. Además, en el mundo, existen también sistemas de visión artificial para mejorar cosechas, o IA generativa que diseña genes, muy útil en el campo de la medicina. En educación, plataformas como Scratch (MIT) o Arduino democratizan el acceso a estas tecnologías emergentes, fomentando proyectos que pueden hacer las personas. Desde mi punto de vista, la mezcla de estas disciplinas, el poder comparar diversos puntos de vista y formas de resolver problemas es esencial para que las ideas nuevas surjan.
Dinamarca ha sabido adaptar las nuevas tecnologías a sus espacios educativos. Hace poco pude visitar el país junto a miembros de Fundación Kiri y conocimos, en primera persona, uno de los mejores sistemas educativos del mundo. Desde la incorporación de robots LEGO a las distintas asignaturas para desarrollar proyectos multidisciplinarios, hasta nuevas estrategias educativas en las universidades desarrolladas por los profesores en formación que incluyen uso de IA, herramientas digitales y otros recursos, podemos ver cómo destaca la creatividad que los profesores promueven en sus estudiantes, y en ellos mismos, al incluir el aprendizaje a través del juego en la mayoría de sus planificaciones. En este caso, la tecnología termina siendo un medio para promover habilidades como la creatividad, el trabajo en equipo, la resolución de problemas, entre otros.
De la tecnología a la práctica
En Mustakis, hemos integrado estas innovaciones en experiencias educativas. Usamos KAHOOT para gamificar aprendizajes, talleres de Scratch para enseñar programación, y Arduino para proyectos prácticos. También adoptamos IA en herramientas como Gamma (presentaciones) o Miro (organización de ideas), demostrando cómo optimizan procesos creativos y pedagógicos.
En la sala de clases, las tecnologías emergentes están revolucionando la educación al hacer el aprendizaje más interactivo, personalizado y accesible. Con herramientas como plataformas de IA adaptativa se pueden ajustar los contenidos según el ritmo de cada estudiante. Existen programas que introducen a los alumnos en el pensamiento computacional y la innovación práctica, y la gamificación puede transformar momentos de aprendizaje y llevarlos a nuevos niveles.
El futuro depende de cómo aprovechemos estas tecnologías. Plataformas como Notion o Monday ya agilizan tareas cotidianas; el desafío es seguir combinándolas para resolver problemas complejos. Como intentamos hacerlo siempre acá, la clave está en la educación y el acceso, solo así las tecnologías emergentes cumplirán su potencial de democratizar la innovación.