Las hermanas Coral y Rocío Elizondo encabezaron el encuentro “Aprender sin barreras: lenguaje, emoción y diversidad”, donde entregaron a docentes y líderes de organizaciones sociales herramientas concretas de educación inclusiva, atención plena y autocuidado.
Compartimos las recomendaciones que nos dejaron durante su charla en KAOS Espacio Creativo.
1. Del déficit al contexto: En lugar de preguntarnos «¿qué le pasa a este niño que no me atiende?», Coral Elizondo propone interrogar qué barreras existen en el contexto para aprender y obtener logros.
2. Diseñar para la variabilidad, no para el promedio: “El estudiante promedio no existe”, dice Coral, y diseñar la escuela pensando en él borra las identidades. Conocer a cada persona y la neurodiversidad, y apoyarse en el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) permite planificar clases que incluyan a todos.
3. Cuidar el lenguaje: Expresiones como «no puede» o «no sabe» cierran puertas y condicionan el desempeño. Las expectativas del profesorado influyen directamente en los resultados de los estudiantes y en su diálogo interno, sostienen.
4. Pasar del juicio a la indagación: Detectar los juicios que se emiten sobre un estudiante, preguntarse de dónde vienen, conversar con los equipos de orientación y preguntarle directamente al alumno qué necesita. Rocío Elizondo también invita a tomar conciencia de las propias creencias limitantes, sin castigarse por ellas.
5. Aprender a leer el estrés, propio y del curso: Un mínimo de activación es necesario para aprender —como el café de la mañana—, pero un cerebro amenazado bloquea el aprendizaje porque su atención se enfoca en sobrevivir.
6. Reconocer señales físicas de estrés, como tensión en la mandíbula o la boca seca, o gritos e insultos en el caso de los estudiantes.
7. Enseñar las herramientas de regulación en calma, no en plena crisis: cuando un estudiante está desbordado se produce el llamado «secuestro de la amígdala», y pedirle que se tranquilice no funciona.
8. Ofrecer un abanico de herramientas, porque no a todos les sirve lo mismo: meditación, visualización, pelotas antiestrés, movimiento o algo tan sencillo como un automasaje de manos —que activa la salivación y, con ella, el sistema de calma—: la clave es que cada uno descubra qué lo regula. Coral destaca además una tendencia creciente: las «zonas de calma» dentro del aula, espacios siempre opcionales para autorregularse.
9. Construir espacios emocionalmente seguros entre docentes. Las especialistas proponen acoger a los equipos docentes al inicio del año, formar grupos de apoyo mutuo, abrir «recreos de la calma» con meditaciones breves y cuidar que los espacios comunes sean amables.
10. Cultivar la compasión para prevenir el desgaste profesional. Frente al burnout o «quemado por empatía» —frecuente en las profesiones de cuidado y que, una vez consumado, no suele tener vuelta atrás—, Rocío recomienda el entrenamiento en mindfulness y compasión, respaldado por evidencia científica: registrar el sufrimiento del otro y desear ayudarlo, sin identificarse con ese sufrimiento ni cargarlo como propio.
Si quieres profundizar respecto a la exposición de Coral y Rocío Elizondo, revisa aquí su charla completa: aquí